
Sam’s Club está empujando un nuevo límite en la última milla. A pocas semanas de lanzar su servicio de entregas “Express”, la compañía ya alcanzó cerca de 65.000 pedidos, con un tiempo promedio de entrega de 55 minutos y casos extremos por debajo de los 10 minutos.
Pero más allá de la velocidad, lo que está en juego es otra cosa.
El modelo se apoya en una decisión clave: no operar desde centros logísticos dedicados, sino desde sus propias tiendas. Esta lógica elimina la principal barrera del delivery —la distancia— y convierte a la red física en un activo operativo central para la rapidez.
Los resultados muestran el potencial del modelo. En algunos casos, productos básicos como fórmula infantil, alimento para mascotas o insumos para pequeños negocios fueron entregados en menos de 10 minutos desde el pedido.
Sin embargo, el dato más relevante no está en los tiempos, sino en el uso.
Inicialmente pensado para compras urgentes o de último momento, el servicio está siendo utilizado para compras cotidianas: agua, frescos, productos de limpieza o artículos de consumo básico. Esto sugiere un cambio más profundo en el comportamiento del shopper.
La entrega ultra rápida deja de ser una solución puntual para convertirse en una alternativa real al acto de ir al supermercado.
“I was so impressed. I couldn’t have left my house, shopped, and gotten back that fast”, señaló un cliente, sintetizando el nuevo estándar al que apunta la compañía: ser más rápido que la compra presencial.
El servicio se integra dentro del ecosistema omnicanal de Sam’s Club, combinando tienda física, app, retiro en tienda y delivery en una experiencia unificada. Detrás de esta operación hay tecnología desarrollada internamente, que permite gestionar pedidos en tiempo real y coordinar la ejecución desde cada punto de venta.
Desde una mirada estratégica, el caso plantea una pregunta clave para el retail: ¿la proximidad seguirá definiéndose por la ubicación física o por la velocidad de respuesta?
Si el tiempo de entrega se convierte en el nuevo criterio de conveniencia, los retailers con redes físicas densas podrían tener una ventaja estructural difícil de replicar.
Lo que hasta hace poco era una promesa —entregar rápido— empieza a transformarse en expectativa. Y en ese escenario, el desafío ya no es solo llegar, sino llegar primero.